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Es importante considerar que las máquinas
de desengrase ya no son elementos accesorios en un proceso, sino
importantes en producción, e indispensables para alcanzar
los niveles de calidad y fabricación deseados. Dado que el
grado de limpieza requerido por las diferentes industrias (para
sus piezas), varía dentro de amplios límites, creemos
conveniente hacer una distinción inicial entre los conceptos
de limpieza y desengrase.
En términos generales, puede
considerarse que una superficie está limpia cuando no está
recubierta de cantidades apreciables a simple vista de contaminantes
orgánicos, minerales o metálicos. Debe tenerse en
cuenta que una superficie puede estar limpia, pero mojada, aceitada,
petroleada, etc. De la misma forma se pueden considerar como desengrasadas,
aquellas superficies de las que se haya eliminado toda traza de
aceite o grasa, pero que a pesar de ello todavía estén
recubiertas de polvo, viruta, óxidos metálicos, agua,
carbón, etc.
De lo que acabamos de exponer se deduce que unas piezas limpias
pueden no estar desengrasadas, y que asimismo las desengrasadas
no tienen porqué estar perfectamente limpias.
Además de los conceptos citados
existe el de limpieza absoluta y que se aplica cuando las piezas
tienen que presentar una superficie perfectamente limpia tanto desde
el punto de vista físico como químico. Este grado
de limpieza se consigue solo mediante ciclos de limpieza complejos. Por
todo lo expuesto, lo primero que se debe determinar es el grado
de limpieza y desengrase requerido, así como el estado final
en el que deben quedar las piezas (secas, aceitadas, etc.).
Con dichos datos y conociendo el tipo
de suciedad a eliminar se podrá proceder a estudiar el sistema
y tipo de máquina a emplear, el ciclo de limpieza a realizar,
los productos utilizables y su forma de aplicación más
conveniente.
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